Señora Libertad.... señor don héroe!
“La libertad, querido, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida” con esta frase se muestra constante ella, mirándolo a los ojos le demuestra aprecio por aquel héroe que no pierde la esperanza en encontrarla y quererla a morir. Dos personajes principales: Martha Ormaza y Juan José Gatto representan a la libertad y al héroe incomprendido. Ambos realizan un trabajo esplendido en un escenario maravilloso, Centro Cultural Itchimbía, donde sus paredes de cristal son iluminadas por las luces nocturnas de la ciudad de Quito. Juntos hacen un trabajo esplendido en equipo, sus diálogos son frases llenas de sentimiento que llegan al espectador de una manera elocuente y son difícilmente interpretadas a medida del sentido que los personajes principales imparten. La libertad, vestida de blanco con un cinto de color dorado en el contorno de su cintura, se expresaba en cada palabra que iba dirigida a su amado vestido de héroe de guerra, con su traje verde todo rasgado y su rostro algo escabroso, disipaba amor por su querida. Ella, lo esperaba y quería tenerlo junto a él, sin embargo, el amor entre ambos es como una muralla gigantesca, como dice su héroe: “No hay camino hacia la libertad, la libertad es el camino”. La escenografía de la obra se encontraba muy bien organizada, algo escalofriante en un principio pero tenía su arte abstracto que le daba el toque inspirador y exacto a lo que los personajes querían transmitir al público. Un grupo de personajes vestidos de negro, llevaban antifaces y conformaban un grupo coral que cantaba melodías en varias voces y le ayudaron a darle sentido a la obra. Sin lugar a dudas, el aplauso fue confortante para quienes hicieron de su actuación, una obra de arte. Esta obra llamada “La quiero a morir” fue todo un éxito.


